Bueno, todos alguna vez en la vida hemos pisado una tienda Abacus, ¿no? Claro. Son esas papelerías gigantescas dedicadas sobretodo a material escolar (bien para alumnos como para profesores) que tienen de todo. Pero de todo de verdad.
El caso es que estaba yo en el stand de la pintura, y oí algo así:
Hijo Aleatorio: Mama, ¿me compras plastilina?
Madre Aleatoria: No, que te la comes luego.
Vale. A ver. Sal de shock. Todos sabemos que los niños churrepetean cosas de pequeños, se tragan lo más bizarro y luego lo cagan sin problemas. Es obvio que, en algún momento de nuestras vidas, hemos oído o bromeado con la situación del niño come-plastilina, pero pocas veces hemos sido testigos de ello. Por lo menos yo.
Así que estaba yo con cara de gilipollas en mitad del piso bajo de Abacus de mi barrio, pensando en que esa madre no le compraba plastilina al niño porque se la comía. Es que no me lo termino de creer… bueno, sí, pero aún lo estoy asimilando, es decir, ¿comer plastilina? Ese niño no sonaba tan pequeño… ¿no? No sé. Pero… esa mujer, ¿por qué no se molesta en decirle que la plastilina es para moldear, putear al de al lado, pintar, mezclar, descuajeringar, pero no para comer?
Posiblemente sería una burda excusa, pero a mí me dejó con un comecome en la cabeza ligeramente rayante.
Yo me pregunto: ¿por qué no harán barras con aspecto de tocho de plastilina, utilizando fruta o algo asi? Es doblemente guay, juegas con ello, y cuando te hartas, te lo comes. Así de simple. Como un helado sin estar helado y más similar a la goma, por lo que estaría ligeramente duro pero ná que un crío -o no tan crío- no pueda masticar, ¿no?
